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martes, 15 de noviembre de 2011

Dos argentinos se enteran a los 34 años que los cambiaron por error al nacer

BUENOS AIRES, 15 noviembre 2011 (EFE).- Dos argentinos, vecinos de la localidad bonaerense de Azul, se enteraron a los 34 años de que una enfermera los intercambió por error al nacer y vivieron desde entonces con la familia equivocada, relató hoy a una agencias la madre de uno de ellos.

El caso de Gustavo Germain y Javier Delmasso se conoce públicamente ahora, cuando ambos tienen 37 años y aún permanecen "acongojados" y sin poder creer lo ocurrido después de haber sabido del hecho hace ya tres años, aseguró Marta Delmasso, la madre biológica de Gustavo.

"La verdad es que estamos todos mal. Cuesta asumirlo. Mi marido se la pasa llorando. Yo a mi verdadero hijo de la panza no lo vi cuando nació, lo vi por primera vez a los 34 años. Es tremendo", explicó.

Marta afirmó que nunca sospecharon nada, a pesar de que, al igual que le ocurrió a la madre (biológica) de Javier, cuando le trajeron por primera vez a su bebé en septiembre de 1974 después de que pasara la noche en neonatología, llevaba una ropa que no era la suya.

En ese momento la enfermera se excusó y dijo que era un error normal, que se había confundido con la vestimenta del niño del cuarto contiguo.

Fue Javier el primero que hace unos años empezó a tener dudas cuando intentó donar sangre a su hermana y descubrió que tenía un tipo sanguíneo diferente al que constaba en su partida de nacimiento.

A ese episodio se unió un encuentro fortuito entre quien era su verdadero hermano biológico y el papá de Gustavo, quien en realidad era su padre, en julio de 2007, en el que se quedó impactado por el parecido físico que guardaba con ellos, una semejanza que no tenía con la que creía que era su familia.

Ambas familias vivieron durante años a cinco cuadras de distancia, por lo que ambos muchachos "se conocían de vista", precisó Marta Delmasso.

Javier se hizo en 2009 las pruebas de ADN con su familia de crianza y luego con la de Gustavo, quien al principio "no quería saber nada, ni remover el pasado" hasta que fue madurando la situación, detallaron los hombres al periódico Tiempo Argentino.

"Hay mucho dolor en ambas familias", pero "tenemos que aprender a sumar, porque los chicos tienen cuatro papás, tienen un privilegio", sostuvo Marta.

El caso es investigado por la justicia, pero hasta el momento no han logrado localizar a la enfermera que confundió los bebés.


Eran vecinos y después de 35 años supieron que los cambiaron al nacer


BUENOS AIRES, 15 noviembre 2011 (El Argentino).- Gustavo Germain y Javier Delmasso fueron entregados cada uno a los padres del otro. Vivieron durante años a cinco cuadras. Un encuentro fortuito en un parque los hizo sospechar del error, y los análisis de ADN lo corroboraron.

Fue como una bomba atómica que cayó sobre nosotros.” Con esta comparación definieron sus involuntarios protagonistas a esta historia que los cruzó hace 37 años, sin que lo supiesen, en la maternidad del Sanatorio de Azul. En esa ciudad del centro de la provincia de Buenos Aires, en el invierno de 1974, dos bebés fueron entregados por error a familias distintas, que recién se dieron cuenta tres décadas y media más tarde, cuando sus vidas cambiaron para siempre.

Javier Delmasso llevó encima la duda durante años, hasta que una tarde de julio de 2007 se topó en un parque con el padre y el hermano de la familia de Gustavo Germain y le impactó el parecido con ambos. Gustavo y Javier nacieron el 19 de septiembre de 1974 con diez horas de diferencia y sus madres estuvieron en habitaciones contiguas, aunque nunca se conocieron. “En ese entonces, no se acostumbraba que las madres se llevaran al chiquito a la habitación, se quedaban toda la noche en la nursery, donde eran cambiados y alimentados”, comenta Gustavo a Tiempo Argentino. Al otro día, cuando a cada madre le llevaron el bebé, las dos respondieron lo mismo: “Ese no es mi bebé, tiene otra ropa.” “Y la enfermera les contestó lo mismo a las dos: ‘Quedate tranquila que me confundí con la chica de al lado, es la ropita’. Pero no fue la ropa, fueron los bebés los que estaban cambiados”, relata Gustavo.

El hecho quedó como un evento aislado para ambas familias. Excepto para Javier. Su primer indicio lo tuvo a los diez años, cuando nació su hermana menor y sus padres –hoy de crianza– le contaron aquél episodio de la ropa a modo de anécdota. Tiempo después, para un chequeo, se hizo un análisis en el Laboratorio Alvear de esa ciudad, y lo anotaron como B Negativo, el mismo tipo de sangre de quienes creía sus padres. Sin embargo, hace unos años, no le permitieron donarle sangre a su hermana porque era A Positivo. “La primera vez lo pusieron tal cual la libreta de nacimiento, y después nada que ver. 

Dije: ‘No, pará, algo pasa’”, explicó Javier a este diario. Luego vino la escena del parque y su sensación de no parecerse a sus hermanas ni a sus padres de crianza. A principios de 2009, Javier se realizó pruebas de ADN, primero con su familia de crianza y luego con la de Gustavo, que tardó meses en aceptar la situación. “No quería saber nada, ni remover el pasado, hasta que fui madurándolo en mi cabeza, llorando solo, y decidí hacerme el análisis. Todos dieron un 99,9%. Así nos encontramos con esta sorpresa: la negligencia de un sanatorio que destruyó a dos familias”, precisa hoy Gustavo. 

Los destinos de las dos familias parecían obligados a cruzarse. Vivieron durante años a sólo cinco cuadras, y los dos chicos llegaron a compartir picados de fútbol, aunque sin establecer una amistad. Hoy mantienen una buena relación, y para el Día de la Madre, se intercambiaron la cena y el almuerzo para visitar a ambas.

Javier, padre de dos chicos de once y nueve años, cuenta que le costó explicárselos, “pero hoy lo toman como algo natural”. Según dijo, la relación con sus padres biológicos “es bárbara, parece que los conociera de toda la vida. Hasta tengo el mismo carácter que mi padre biológico. Podemos confiarnos cosas, y los nenes tienen seis abuelos.”

“Papá llamo al de crianza, porque me crió. Y los chicos tienen más regalos”, comenta sonriente Gustavo, padre de una nena de 12 años y un bebé de dos meses, al que tuvo en el Hospital de Azul, y no en el sanatorio. Ese día, recordó su propia historia: “Estaba como loco, me quedé constantemente al lado de él. Siempre vamos a llevar este miedo, pero hay que seguir para adelante.”